Algunos nacemos con magia gracias a nuestros ancestros, algunos la tienen que aprender un poco (quizás) a la fuerza, y otros no. Otros no tienen.
Una de las primeras reglas de la magia que aprendí de pequeño es el hecho de usar la magia que tenemos, no reprimirla ni esconderla.
Lo que se reprime y comprime explota; y no solo hablo de magia, sino con cualquier emoción que tengamos. Y eso lo sufrí muy bien a lo largo de mi vida.
Siempre estuve en contacto con la magia, desde chico realizábamos rituales y hechizos con mi madre, y mi abuela me enseñaba sobre energías. Luego crecí con mis guías los cuales gracias a ellos fui más consciente de mis habilidades y me hice cargo de ellas.
Pero, no era consciente de manejar mis emociones y así creció en mi cuerpo una enfermedad degenerativa: mis manchas de vitiligo. Mis manchas de luz, blancas, pero para mi es algo oscuro.
Él vitiligo es esa enfermedad autoinmune en que la piel comienza a mancharse de blanco, perdiendo melanina y te convierte en un panda. Eso es el vitiligo, y desde que falleció mi padre a los 9 años crecieron las primeras manchas en los ojos. "Lágrimas que no lloré" decía yo, y nunca más lejos de la realidad inconsciente.
Luego en el cuello y en la comisura de los labios, indicadores que algo no estaba diciendo y no podía hablar. Mi sexualidad en ese entonces. Luego en las manos aparecieron miles de manchas que se transformaron en una mancha mayor. No para, crece constantemente y no hay una cura efectiva. Fui a médicos, dermatólogos, y hasta a una endocrinóloga. Nada sirvió.
Pero ahora son pequeñitas y casi no se notan. Solo restan en mis manos hoy en día, pero en demás parte del cuerpo prácticamente no existe. Ahora, sí, ahora ya no están más porque desaparecieron. Desaparecieron las demás también, y ya no están más. ¿Cómo es posible que haya pasado eso? Simple, control mental.
Use mi propia energía para indicarle a mi cuerpo que eso era incorrecto, empecé a reconocer el porqué de cada mancha y la relacione con que hecho traumático tuve en ese momento de la niñez o adolescencia y me perdone. Me sane.
Y lo mismo pasa con la magia, la magia es algo que tenemos que usar constantemente porque sino nos devora, nos consume, nos oscurece. Y esa oscuridad contamina y envenena a nosotros y a los demás.
Merecemos vivir en un entorno lleno de magia donde podemos ser libres y tener pares para compartir rituales, meditaciones, hechizos y buenas vibras.
Estés donde estés nunca te olvides del poder interno que tenés, no lo oprimas, que sino este malestar te consume y te obscurece. Y solo hay una forma de salir de ahí... con ayuda de otro ser con magia y con amor. Porque a veces con tanta oscuridad la depresión invade, y lo que es peor, es acostumbrarnos a que es normal estar así… cuando somos capaces de mucho más.
Una de las primeras reglas de la magia que aprendí de pequeño es el hecho de usar la magia que tenemos, no reprimirla ni esconderla.
Lo que se reprime y comprime explota; y no solo hablo de magia, sino con cualquier emoción que tengamos. Y eso lo sufrí muy bien a lo largo de mi vida.
Siempre estuve en contacto con la magia, desde chico realizábamos rituales y hechizos con mi madre, y mi abuela me enseñaba sobre energías. Luego crecí con mis guías los cuales gracias a ellos fui más consciente de mis habilidades y me hice cargo de ellas.
Pero, no era consciente de manejar mis emociones y así creció en mi cuerpo una enfermedad degenerativa: mis manchas de vitiligo. Mis manchas de luz, blancas, pero para mi es algo oscuro.
Él vitiligo es esa enfermedad autoinmune en que la piel comienza a mancharse de blanco, perdiendo melanina y te convierte en un panda. Eso es el vitiligo, y desde que falleció mi padre a los 9 años crecieron las primeras manchas en los ojos. "Lágrimas que no lloré" decía yo, y nunca más lejos de la realidad inconsciente.
Luego en el cuello y en la comisura de los labios, indicadores que algo no estaba diciendo y no podía hablar. Mi sexualidad en ese entonces. Luego en las manos aparecieron miles de manchas que se transformaron en una mancha mayor. No para, crece constantemente y no hay una cura efectiva. Fui a médicos, dermatólogos, y hasta a una endocrinóloga. Nada sirvió.
Pero ahora son pequeñitas y casi no se notan. Solo restan en mis manos hoy en día, pero en demás parte del cuerpo prácticamente no existe. Ahora, sí, ahora ya no están más porque desaparecieron. Desaparecieron las demás también, y ya no están más. ¿Cómo es posible que haya pasado eso? Simple, control mental.
Use mi propia energía para indicarle a mi cuerpo que eso era incorrecto, empecé a reconocer el porqué de cada mancha y la relacione con que hecho traumático tuve en ese momento de la niñez o adolescencia y me perdone. Me sane.
Y lo mismo pasa con la magia, la magia es algo que tenemos que usar constantemente porque sino nos devora, nos consume, nos oscurece. Y esa oscuridad contamina y envenena a nosotros y a los demás.
Merecemos vivir en un entorno lleno de magia donde podemos ser libres y tener pares para compartir rituales, meditaciones, hechizos y buenas vibras.
Estés donde estés nunca te olvides del poder interno que tenés, no lo oprimas, que sino este malestar te consume y te obscurece. Y solo hay una forma de salir de ahí... con ayuda de otro ser con magia y con amor. Porque a veces con tanta oscuridad la depresión invade, y lo que es peor, es acostumbrarnos a que es normal estar así… cuando somos capaces de mucho más.

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