El pasado es uno de los grandes titanes que hay q enfrentar constantemente. Es grande como una montaña, pero frágil como el cristal. Si lo ignoramos no nos perturba ni los lastima, pero si lo miramos, o lo ojeamos, su sombra puede llegar a cubrirnos y abrazarnos. Un abrazo en el cual sus púas tóxicas perforan nuestra piel y nuestra esperanza de seguir adelante.
No es fácil ignorarlo, y tampoco es fácil dejarlo estar. Solo hay q acostumbrarse y afilar nuestros dientes si se aproxima demasiado.
Uno de los métodos más eficaces es mirar adelante y colocarse sarrias (como las q usan los caballos) y no perder nuestro objetivo, sea cual sea... pero aquí la cuestión: Ese monstruo nefasto siempre estará ahí para colocarnos la traba y q caigamos nuevamente...
Solo hay q cerrar los ojos y escuchar a nuestro corazón... les aseguro q ese monstruo de diez mil cabezas se volverá diminuto, tanto como la suela de nuestro zapato, donde esperará q lo pisemos.


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